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Me atrae la vida. Irresistiblemente. La espontaneidad, la diversidad, la alternativa.  La belleza de la complejidad. El riesgo de emprender un camino nuevo. La posibilidad de un destino mejor. Todos esos millones de casualidades encadenadas que, en el improbable seno de un Universo oscuro e inerte, encendieron la chispa de la vida en la Tierra hace unos 4,200 millones de años. Todos esos millones de casualidades que la siguen haciendo tan maravillosamente sorprendente a día de hoy.

Llegué a Málaga en abril de 2017. Desde la primavera del 15M, allá por el 2011, no me sentía tan vivo. Y todo ello gracias fundamentalmente a un lugar, a un proyecto, a unas personas: La Casa Invisible. Al principio, os seré franco, no las tenía todas conmigo. En la superficie, digamos el centro histórico de la ciudad, no veía demasiada diversidad, sino más bien mucha uniformidad “mainstream” basada en el consumismo, y pocas alternativas socio-culturales con propuestas verdaderamente diferentes. Sin embargo, la primera noche, sin ir más lejos, conocí algo. Algo que quedó en el tintero, para explorar más adelante. Parecía un bar, en un patio mediterráneo chulísimo eso sí, pero un espacio de consumo más. Una energía distinta fluía por allí no obstante. Unas cuantas sonrisas naturales, unos cuantos ojos especialmente brillantes. Saliendo, en la zona de la entrada, una pizarra de esas de tiza anunciaba varios mensajes potentes: “espacio libre de machismos, racismos y xenofobias … centro social y cultural auto-gestionado.” Ummm … interesante.

Unos meses más tarde, habitante ya de los aledaños del centro tras mi primera Feria (vuelta al “mainstream” más avasallador), retomé la exploración de aquel oasis en potencia. Tras un par de noches presenciando manifestaciones artísticas altamente recomendables, y algún débil intento de apuntarme a clases de tal o cual baile (eso sí que aún queda pendiente jeje), la pizarra de la entrada lucía un buen día un llamativo cartel: “La Ciudad Radical, curso impulsado por la Universidad Libre Experimental”. ¡Guau! Esto empezaba a subir de nivel. Los aprendizajes fueron múltiples en torno al “derecho a la ciudad”, esa transgresora idea de que la ciudad no se diseña en un ordenador o se decide en un despacho cerrado; la ciudad se hace, colectiva y democráticamente, en las calles, en los espacios públicos, por las vecinas y los comerciantes de barrio, los migrantes y las madres, los peatones y las camareras. Pero sobre todo, me di cuenta de que había algo más rondando por allí. Un calor humano, una coordinación orgánica, una flagrante complicidad entre muchas de las personas que en aquel curso participaban y aquella casa frecuentaban.

Y exploré y exploré. Los rincones de la Casa y de mi mismo a la vez. Y una riada de experiencias, saberes y emociones me inundaron. Hacia finales del otoño participé en varios encuentros multiculturales de “Bienvenidos Refugiados”, acercándome a la cruda realidad de las gentes migrantes en busca de su derecho a existir y habitar un mundo sin fronteras. Una antigua herida nunca cerrada con el Ayuntamiento se reabría entre tanto, tras un penoso intento de censura “patria”. Primera concentración por la “cultura sin censura” en respuesta, que me perdí por visita familiar. Con el “frío” de diciembre (habla un recio burgalés), asistí a mis primeras asambleas de la propia Casa Invisible. Se hablaba de cómo parar la barbarie del CIE de Archidona, de la evolución de las negociaciones con el consistorio por la cesión, de la intención de aprovechar la crisis para reinventarse y abrir la casa a nuevas propuestas, multiplicando su oferta de actividades. Dos fechas clave se mencionaron entre susurros: 8 de marzo y 12 de mayo de 2018. De la primera habréis oído hablar. De la segunda igual aún no, pero lo haréis jejeje.

Vuelta de Navidades. Enero. Alentado como cada vez por la apertura de las gentes de la Casa, di el siguiente paso. Propuse y organicé mi primer evento en la Invi (yuhuuuuuu!!): el día 24 los planetas se alinearon, y llenamos la Sala de Exposiciones hasta la bandera (a no, que banderas no tenemos), con gente en el suelo y escuchando desde los pasillos. El coloquio “La Revolución de las Ciudades: de cambio climático a cambio de paradigma” atrajo a movimientos ecologistas y sociales por igual. Madre Esperanza llegaba en forma de confluencia. Cristalizaron aquellos comienzos en la Red Málaga por el Clima, otro colectivo nacido en la Casa, con la misión de socializar las causas, consecuencias y vías de solución del reto civilizatorio (!y de Málaga!) de la crisis climática.

Entre tanto, un buen día pasando por un barrio llamado “Lagunillas”, una sutil pintada en una fachada llamó mi atención: “Elías, espacio de construcción … de mundos”. ¡Cool! En la esquina del ventanal un cartel manuscrito anunciaba la próxima asamblea de la Asociación Vecinal Lagunillas Por Venir. Me presenté y … el barrió me adoptó. Lagunillas, un barrio en lucha por no dejar de ser un barrio. Gente amable, inteligente, comprometida y muy muy divertida. Mapeo de pisos turísticos ilegales, pelis con mensaje en la Casa Azul, tapitas en la Poli, y discusiones filosóficas hiper profundas de domingo noche, en inglés, alemán y castellano. ¡Toma ya! Me empieza a gustar Málaga 🙂

Y llegó la primavera revolucionaria, traída en volandas por el 8M. Esa explosión de feminismo en la que las mujeres se levantaron y cambiaron el rumbo de nuestra historia. Renacía uno de los movimientos más transversales y con mayor potencial de abrir brecha en el sistema hegemónico. Por primera vez, alguien, millones de mujeres, retaban de frente al heteropatriarcado capitalista. Si, como sabiamente sugiere la gran Yayo Herrero, feminismo y ecologismo unimos fuerzas, la brecha puede tornar en alternativa real. La Casa Invisible, como no, fue un espacio de cuidados durante todo el día y toda la mani, con muchos hombre aliados también. Siempre en el meollo.

La magia histórica de mayo volvía a la palestra. Inspiradas por el puño feminista, empujados por la despiadada especulación de una gentrificación y una turistificación globalizadas en crecimiento exponencial, sucedió de nuevo. Bastó apenas un mes de preparación, 2 asambleas multitudinarias en la Invi y 3 grupos de trabajo bien efectivos. Y el 12M llenamos las calles de Málaga, de Madrid, de Barcelona, Valencia, Irún, Sevilla y varias ciudades españolas y europeas más. Personas y colectivos variopintos nos juntamos por lo común, en defensa del derecho a una vivienda digna (sí, sí, eso que garantiza la Constitución supuestamente), los espacios y bienes comunes, los servicios públicos de calidad y universales, y en definitiva una ciudad que ponga en el centro las personas, los cuidados y la vida. Nacía el movimiento translocal “No se Venden”, con “Málaga No Se Vende” en nuestra ciudad siendo uno de los más pujantes.

3 días más tarde celebramos el 7º aniversario del 15M, nuestro aniversario, en Plaza de Camas, con una emotiva asamblea abierta rebosante de ganas de crear algo nuevo entre todas. Y de allí fuimos rotando por los barrios: Huelin, Arraijanal (¡la lucha por salvar la última playa vírgen de Málaga!), el Bulto, Lagunillas, y vuelta a la Invi ya en julio. Aprendiendo de las luchas, sumando colectivos, multiplicando impacto. Buscando siempre evolucionar de la reivindicación compartida, a la propuesta de nuevo modelo de ciudad y sociedad. Nada fácil la tarea. Ni las asambleas tampoco. Pero es la manera (desde la vivencia) y siempre, siempre merece la pena el recorrido. Comparto un libre poema de alguno de esos momentos:

El círculo imperfecto, los culos doloridos en el suelo que todo lo iguala,
el calor de la gente, el pensamiento colectivo, la vida compartida.
Energías que fluyen y confluyen.
Personas que se cuidan.
Sonrisas que se miran, ojos que sonríen.
Sueños que se cruzan, realidades que conviven.
Fuerzas que se unen, luchas que liberan.
Quizás algún día nos demos cuenta …
Somos el cambio que queremos ver en el mundo 😉
Seguimos compas!
(y las cañas de después, claro!)

#MálagaNoSeVende #PrimaveraDeRevolución

Dejadme, tan sólo por un instante, echar la vista atrás, al 15M original, el de 2011. En la plaza SOLución de Madrid, donde vivía en aquella época. A las asambleas de pensamiento y las de medio ambiente, a la acampada, las vac-acciones, la mítica Asamblea de la Paz. Dejadme recordar algunos de aquellos inolvidables momentos (“Noche mágica de Revolución”), para cerciorarme de mis orígenes (el despertar de la conciencia colectiva), re-aprender de nuestra historia y asegurarme de que es posible, de que somos los que estábamos esperando.

Vídeo del 15M en Madrid. “No me puedes dar o quitar la libertad. Porque yo soy la libertad. Es lo que soy: la libertad.”

De libertad-responsabilidad hablamos, o mejor dicho “corresponsabilidad”. Hablando de palabrejas, mi vocabulario se ha ampliado estos meses, con nuevos y potentes conceptos como “atravesar” (el deseo que me atraviesa, de arriba a abajo), “empoderar” (lo conocía pero su significado real sólo lo he sentido ahora). U otros más de la calle como “bolo” o “machirulo” jajaja

Volviendo a mi Málaga. El bonito vínculo que estoy forjando con los compas de la Casa Invisible de Málaga tiene sus raíces también en el 15M. Lo sé porque les he oído hablar emocionadas de cómo lo vivieron aquí y me he emocionado también. Porque he visto muchas de sus caras y voces en el documental “15M: Málaga Despierta”. Pero sobre todo lo sé porque nos resuenan los mismos valores, ilusionan lo mismos sueños y encienden las mismas ganas de emancipación. A la generación que vivimos aquello nos atraviesa y atravesará siempre un cordón umbilical invisible, de la Plaza SOLución a la de la Constitución, de corazón a corazón.

Documental: “15M: Málaga Despierta”

Hay algo mejor que el pasado si cabe. El presente, un regalo. La palabra “GRACIAS” no hace justicia a mis sentimientos respecto a la acogida, abierta y humana, que me han proporcionado en la Invi. En estos últimos meses, personas maravillosas me han abierto puerta tras puerta, de Andrés Pérez a Nosquera, del patio al cielo. Siempre y en todo momento, fácil o difícil, con una sonrisa de oreja a oreja, unos brazos bien abiertos y un buen rollo que desnuda.

¡Cuánto talento, compromiso y pasión! Nunca había visto nada igual. Recientemente he asistido a cursos y cumbres donde participaban el mismísimo Obama (un modelo a nivel personal para mi) o Al Gore, pero os prometo que no aprendí allí lo que absorbo en 10 minutos en la Invisible, de cada compa y del colectivo. Resaltar, como ilustrador ejemplo, una asamblea estratégica legendaria ya, un domingo por la mañana, en pleno junio, después de una mítica noche de fiesta (¡¡LaguniJazz!!) Qué caras traíamos todos, pero cómo funcionó la inteligencia colectiva y dimos forma a unos proyectos de futuro verdaderamente ilusionantes. Y el tercero tiempo ya ni os cuento jeje

Es algo digno de mirar y admirar, tenéis mi palabra, la gestión colectiva del común en acción. Un proyecto de la magnitud de la Invisible. De cultura libre, pensamiento crítico, política ciudadana, confluencia de movimientos sociales y mucho más. 6 días a la semana (y el 7º asamblea que no descanso), de 11h a 23h, durante 11 años al pie del cañón. Os podéis imaginar la complejidad y la currada que implica. Pues bien un grupo humano sin parangón, dinámico, abierto, complementario y corresponsable, lo consigue, día tras día. Con imperfecciones, dificultades y errores claro. Pero disfrutando del proceso con la alegría y el desparpajo del primer día, como los “nanos” que seguimos siendo. Al fin y al cabo todo son aprendizajes en esta vida. Personalmente, me siento una de las personas más afortunadas del mundo de ser parte de todo esto.

Llega lo mejor, siempre está por llegar de hecho. Cuando a la potencia de la cooperación la sitúas frente al mayor de sus retos: la amenaza más real e inminente de desalojo de su historia … entonces ésta se concentra, pone su foco, todos sus focos, en un objetivo concreto, y canaliza su fuerza, todas sus fuerzas, en una acción determinada. Y el mundo revienta con la “Mani del Siglo”.

Hay momentos en la vida,
en los que uno debe,
dejar todo de lado,
luchar.
Salir a la calle,
poner el cuerpo,
entre el opresor y la libertad.
Desobedecer lo establecido,
obedecer al Corazón.
Romperle las pelotas al sistema,
decir “No, nos pararán”,
gritar “Sí, se puede”.
Defender tus valores,
vivirlos.
Luchar con tus compas,
cuidarlos, cuidarnos.
Porque eso,
precisamente eso,
era la vida,
dijo el poeta.
19 de julio de 2018,
19:30 horas,
Calle Nosquera 11,
Málaga, Planeta Tierra.
Nos vemos.

Vídeo de la Mani del Siglo #LaInviSeQueda

Crecerse ante la adversidad. Transformarse. Alzarse por encima de las circunstancias, cualesquiera que éstas sean, para ver con nitidez el horizonte y caminar hacia él, como decía el gran Mandela. La Invi no sólo es ya indesalojable, querido Paquito, la Invi está creciendo. En todas las direcciones y en cada vez más corazones.

Dice la Teoría del Caos que frente a un infinito de posibles caminos, sólo uno me llevaba a La Invisible. Dice también que incluso algo tan pequeño como una mariposa puede crear algo tan grande como un huracán. Me río yo de la Teoría del Caos. Todos mis caminos llevaban a la Invi. Las mariposas siempre creamos huracanes. En colectivo 😉