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Mi reflexión personal sobre las Elecciones Catalanas #27S:

Votar, elegir a tus representantes siempre es un acto fundamental en toda democracia. Éste, sin embargo, debe de estar dotado de unas condiciones adecuadas para que su ejercicio se haga desde la libertad, pluralidad y el respeto mutuo. En muchas ocasiones, desde arriba, se intenta desviar la atención sobre lo que realmente se vota. Disfrazar, tapar con barniz, humo o bandera. Manipular a la masa hacia un lado u otro, en función de los intereses de una “clase” (sí, hay que llamarlo por su nombre) política alejada de los problemas reales del ciudadan@.

Éste es, a mi modo de ver, el caso que nos concierne con las Elecciones al Parlamento Catalán de este próximo domingo 27 de septiembre de 2015. Se trata bien de unas elecciones al parlamento del pueblo catalán, y no de un referéndum como algunos lo tratan de pintar. Sí, compañeras y compañeros, en unas elecciones de esta índole elegimos a nuestros representantes, en función de nuestra alineación respecto a su programa electoral. Un programa electoral que debe de tratar todos los aspectos de la gestión pública de los recursos de la región geográfica en cuestión: educación, empleo, sanidad, igualdad, medio ambiente, etc. No se puede ni se debe reducir unas elecciones tan importantes a una única cuestión (identidad nacional), y dejar de lado todo lo demás. Eso es una reducción a lo absurdo, y nunca mejor dicho.

También es el uso de unas elecciones parlamentarias el apoyar o quitar el apoyo al gobierno presente, tras una evaluación rigurosa de su actuación en la legislatura que concluye. Así como a la oposición y su trabajo de control del gobierno y propuesta pro-activa. ¿Se ha contribuido a la mejora o empeoramiento la calidad de vida de sus ciudadanas? ¿Se ha progresado en servicios públicos o se ha recortado en los mismos en favor de la privatización? ¿Han disminuido o aumentado las desigualdades sociales? ¿La corrupción? ¿El desempleo? ¿Las oportunidades para los jóvenes? ¿Hemos avanzado en la preservación del medio ambiente?

Así, si creamos un “partido” ficticio que engloba a gobierno, oposición y unos cuantos actores afines más, y le dotamos de un programa electoral reducido a su mínima expresión (posicionamiento sobre una única temática), no estamos jugando a la democracia, sino al engaño. Esto no es elegir, es comprar votos por una ilusión creada, cuando lo que en verdad se le pide al votante es una carta blanca (programa vacío) para hacer lo que venga en gana. Más sucia resulta la astucia aún cuando se utilizan actos del gobierno (que no es lo mismo que el partido) y del ente público, e incluso recursos de las arcas comunes con fines electoralistas y partidistas.

Personalmente estoy a favor de un referéndum, del derecho a la auto-determinación de un pueblo que así lo pide. Pero desde el respeto a sus pueblos vecinos. Desde la mayoría, de votos en una consulta, que no de escaños en una cámara de representantes. Desde la solidaridad, el diálogo y el entendimiento. Jamás desde la uniteralidad y la amenaza, por un lado o por el otro. Si no se está de acuerdo con una Constitución, que de hecho tiene que evolucionar naturalmente como evolucionan las sociedades, entonces habrá que proceder por los cauces apropiados a su modificación de manera que la consulta o el referéndum sea legal y respete al prójimo. Y todo esto se puede hacer sin trampas ni engaños. Solo hace falta voluntad, pero eso no se consigue inculpando al otro de su falta, sino dando el primer paso hacia el encuentro

Referéndum sí, claro. Pero referéndum sobre asuntos que nos afectan de verdad. ¿Qué tal un referéndum sobre subvenciones a combustibles fósiles vs a energías renovables? ¿Sobre nuestro derecho a generar y vender energía solar en nuestra propia casa sin tener que pagar ningún peaje a ningún monopolio energético? ¿Aceptamos a inputados en las listas electorales? ¿Acogemos o no a refugiados? O mejor, ¿practicamos el comercio justo a escala global para evitar dependencia y emigración? ¿Salario mínimo interprofesional digno? ¿Número de becas o contratos basura que tienen que aceptar nuestros jóvenes? ¿Sanidad universal? ¿Educación pública y de calidad? Se me ocurren cientos de temas, que si no en referéndum sí en reflexión y en debate, deberían de ser mucho más prioritarios en nuestra sociedad que el planteado en esta campaña. Decidir nuestro futuro siempre, pero que no nos pongan encima de la mesa un panfleto para distraernos, en lugar de los libros que realmente queremos leer y escribir. Y esto es a mi, pero preguntémosles a los jóvenes sobre qué quieren compartir su voz. ¿Tendremos la vergüenza de decirles a nuestras hijas que conseguimos cambiar la bandera del gobierno pero que nos importó un comino como el Cambio Climático les dejaba un planeta cada vez menos habitable? Yo no puedo.

Por último, quisiera expresar mi posición respecto al “tema” en cuestión, al de la identidad nacional me refiero, por supuesto. Para mi, que lucho cada día de mi vida por problemas y necesidades reales de las personas y de nuestra planeta, un carnet de identidad, una nación o una frontera, no son más que conceptos completamente artificiales creados desde arriba, por unos pocos poderosos, buscando su propio beneficio, y nunca el de la persona de a pie. Separar y dividir siempre genera rédito al rey y sus lacayos. Enfrentar siempre da poder. Pero, ¿por qué restar cuando podemos sumar fuerzas? ¿Por qué enfrentarnos cuando podemos luchar por un futuro mejor para todos? Cabalguemos juntas hacia la verdadera libertad, la del respeto profundo y la convivencia en harmonía.

¿Cuál es la diferencia, me pregunto yo, entre un servidor y una persona que ha nacido o vive 600 km más al sur, o al norte, al este o al oeste? 600 ó 5,000 kilómetros, que más da. Somos seres humanos, hermanas y hermanos, hijos de la madre Tierra. Lo que nos une (derechos humanos, amor por nuestra familia y prójimo, cadena de la vida) siempre será mucho mayor que lo que nos diferencia. Lo bonito, el enriquecimiento, la oportunidad, nacen siempre de la diversidad. En nuestras diferencias somos iguales. En nuestra pluralidad estamos unidas. Las culturas se crearon para ser compartidas. Los idiomas para comunicarnos. Que nadie nos diga nunca que tenemos que separarnos porque somos “diferentes”. Que nadie me diga nunca que tengo que odiar a nadie. Que ninguna bandera tape jamás aquello que verdaderamente importa. Catalán, Castellano, Norteño o Sureño. Ser Humano, soy tu Hermano.

One People. One World. One Love 😉

 

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