Share →

La noche del viernes 1 de julio fue uno de esos momento mágicos que la vida le regala a uno de vez en cuando y por los que sólo puedo dar gracias. Empecé llegando tarde, para variar, a la reunión del grupo de trabajo de pensamiento Sol de las 20h. Nada más me pude quedar 20 minutos ya que a las 21h tenía que ir a otra asamblea, la de coordinación de grupos de trabajo de Sol. Acojonado como iba a esta nueva cita pues no sólo era mi primera y llegaba justo de nuevo, pero además no me había dado tiempo a hacer los deberes que me habían encomendado y era una de esas reuniones importantes donde se coordinan y comunican los diferentes equipos del movimiento (15M). Vamos, que me iban a crujir jeje

Nada más lejos de la realidad, fue llegar a la Plaza del Carmen y ver que era de los primeros (uf!) Fue comenzar la asamblea, casi en familia, y empezar a sentirme super a gusto, tanto por los temas tan interesantes que tratamos como, y sobre todo, por el super buen rollo y las magníficas personas que allí encontré. Personas que no paraban de disfrutar del momento, de interesarse unas por otras y por los diferentes proyectos que cada grupo estaba llevando a cabo, buscando siempre encontrar puntos de encuentro y colaboración.

Compartimos un par de horitas excepcionales en las que me emocioné con las ganas de ayudar a los más necesitados/olvidados por parte del grupo de intérpretes del lenguaje de sordos, conocí de primer mano el buen funcionamiento de la acampada itinerante, las múltiples propuestas de Economía, las diversas formas de transmitir el conocimiento de Cultura, las diversas luchas de Social … y decidí irme a la playa y a la montaña este verano a salvar a nuestra madre Tierra con los de Medio Ambiente 🙂

Y después, llevados por ese magnífico ambiente que se había creado entre nosotros, nos fuimos a continuar la fiesta por las calles de Madrid, ya sin asamblea y, por fin, levantados del suelo (mi pobre espaldita está sufriendo lo suyo el movimiento jeje). Y allí comenzó una noche de fiesta increíble, una noche de revolución, un noche de vida, de mucha vida. De bar en bar, de plaza en plaza. Buscando garitos de maderos entre zumos y cervezas. Hablando de China, de empresas, de emprendedores, de la fuerza de voluntad de vegetarianas y abstemios. Riendo por todo y por nada. Disfrutando cada momento como un niño, con unas ganas enormes de conocer a estas nuevas personas que se habían cruzado en mi camino, de compartir con ellas el sueño del nuevo mundo que llevamos dentro.

Del debate sobre continente y contenido, a los fenómenos paranormales y las faltas de ortografía. De los hombres que nacen del suelo y los jabones de grasa de liposucción de pijas a los jetas que te piden un cigarro y luego no quieren compartir un porro. De los códigos de barras que hacen sumas y restas a los codos de los playmobil y las gafas caídas en las zanjas del jardinero. Pasando siempre por el colorido y diversidad de la noche del Orgullo. Buscando desesperadamente una esquinita para mear a las 4h mientras un compañero pillaba una cuatro quesos y un vinito de su tierra en un 24h. Amaneciendo con sonidos de falsas gaviotas y con Pantojo, Rul e Ire. Tomando un vil trocito de empanada a 4 euros en antros con gente con los huevecillos al aire. Metiendo narices en sobacos y frotando pezones entre bobadas y risas.

En el paseo de vuelta a casa, algo flotaba en mi mente, el resumen de la noche vivida y del movimiento entero quizás, la pregunta que lanzó al aire una chica pegada a una sonrisa: “¿Cuál es la diferencia entre follar y hacer el amor?” Me acostaba yo entre el griterio de los niños madrugadores en la piscina del bloque de al lado cuando me llegó la respuesta y cerré los ojos feliz: follar es el instinto animal de mi deseo por tener tu cuerpo; hacer el amor es … si el mundo se acabara mañana … me gustaría morir mi piel contra la tuya, tu corazón junto al mío, besando canda rinconcito de tu cuerpo, dándolo todo por ti, haciendo amor … haciéndote el amor 🙂

Tagged with →